miles de millones

March 24, 2017 work
  “2^128= 3.4028236×10^38 = 3.402.823.600.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000” Diego Alberti Un sistema genera intentos criptográficos en una infinidad absurda de posibilidades; como en la historia del ajedrez persa, la inmensidad se esconde en la apariencia sintética de una combinatoria exponencial, que ya es acaso un signo de nuestra época, de la especificidad científica, de la acumulación de datos e información sobre la que seguimos construyendo, mediante avances tecnológicos, un futuro inmediato cada vez más abstracto e inmaterial. Miles de millones consiste en un dispositivo que trabaja sobre los procesos y protocolos de encriptación utilizados para garantizar la privacidad de los datos en el dominio digital, procesos cotidianos y subyacentes en las sociedades de información de las cuales un gran número de la población mundial forma parte. Se trata de las medidas de seguridad digital, utilizadas para resguardar la información personal de terceros no autorizados o atacantes, tecnología criptográfica que va desde las contraseñas ordinarias a claves más complejas, donde los sistemas buscan acceder de distintas maneras, a una aleatoriedad imposible de obtener directamente de la naturaleza determinista de una computadora. Alberti se centra en cierto proceso que a través de un sistema simple, es capaz de generar cantidades enormes de información. Utiliza un esquema de cifrado por bloques de 128 bits (AES 128), cuyas posibilidades (0 ó 1) son generadas a partir de un circuito que fue “ultrajado” con el fin de producir semillas de bits random que luego serán procesados por un generador de números pseudorandom. La complejidad de este esquema de cifrado, presupone la inutilidad de que el dispositivo creado por Alberti intente acertar dicha clave entre sus miles de millones de posibilidades. Los bits generados en cada intento, son disparados como secuencias a los paneles de leds que traducen esta información – que podría considerarse inútil o basura – a una especie de jeroglíficos de una época marcada por la cuantificación y las dimensiones astronómicas. Su mensaje, codificado en la unidad luz – información, se transmite de una forma pregnante y alcanza lugares de nuestro entendimiento cognitivo sin la posibilidad de transitar el razonamiento. El potencial de toda esta información que absorbemos a la velocidad de un procesador, está en el alcance que puede tener su despliegue como hecho estético, su contenido como jeroglífico contemporáneo pone en cuestión la posibilidad de pensar en el vacío como magnitud.
Merlina Rañi.